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música y musicología desde Baja California
Julio- Diciembre  2007, Vol. 2, No. 2
Enero - Junio 2008. Vol. 3, No.1
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El espíritu de Monte Xanic

Karola Saenger


Me despierta la brisa en el crepúsculo, un suave aroma mineral y un toque de frío envolvente. La luz  desaparece tras los montes  que resguardan mi entorno. Percibo  el último rayo  naranja violeta, de una manera cálida y fugaz, como el último suspiro del verano que el otoño ha desplazado.  Noto cómo mi sueño diurno se desvanece a medida que aparece la oscuridad. El horario de otoño me acorta el sueño, me levanta temprano en cuanto el sol se va,  me desafía cambiante a medida que las noches se hacen largas y el amanecer tardado me sorprende con vida que nadie puede notar. Siento una enorme curiosidad de ver como van…  Resisto, mientras escucho el llamado a descansar del pato alfa a su parvada; -sé que debe protegerlos; luego de la bienvenida que les dieron gatos y coyotes, jamás volverán a dormir fuera del lago; costó dos vidas, pero salvó ocho.-

¿Cómo es que pueden dormir mientras todo ocurre? Espero agazapado. Moviéndome despacio entre  brazos anudados de años,   ayudo a  soltar  follaje cansado de abrigar, de absorber y metabolizar para madurar  frutos blancos; susurro despacio y con cuidado sensaciones que se entienden como palabras de consuelo; confían  que antes de la aurora vendré a revolotear con las buenas nuevas para ayudarlas  a dormir profundamente, olvidarse de lo pasado y disfrutar del frío. Rozo hojas pardeando y frutos cansados de esperar ser cortados, toco  pétalos de rosas amarillas,  recojo  aromas nocturnos a jazmín y azahar,  hojas de limón, frutas rojas y  exuberantes esencias a   guanábana y guayaba para  desayunar con dorados rayos apilados en grandes rocas de granito,  fiestas, celebraciones, magia de amor gestado;  que durante el día se absorben en ellas y de noche  desprenden para servir de luz y motor a mi jornada… Me cuelo por una pequeña rendija abriéndome camino hacia mi tarea más urgente. Despacio rozo gigantes metálicos, helados contenedores que albergan mis frutas. Uno a uno los envuelvo de frío que los ayuda a eliminar tartratos, a liberar  cuerpos extraños y a reposar. Me asomo a cada uno como un padre vigila el sueño de un hijo, a  mi Chenin Colombard, que es tan sutil, lo arropo con aromas tropicales,  flores blancas y un toque a manzanas verdes. Acaricio de durazno y  miel de abeja, contrastante acidez traída de una gota de rocío y amargor disfrazado de dulzor a mi querido Chenin Blanc; y por último despierto a mi alegre Grenache a quien le cuento historias de amor salpicadas de fresas, frambuesas, flores de jamaica y días de fiesta.

A mi niña Kristel, que muchos insisten en llamar Sauvignon Blanc y yo nomás no me acostumbro, la envuelvo en calor con magia que le ayude a degradar el ácido málico en láctico y así poderla hacer más fuerte, para albergar aromas más complejos que vayan más con su personalidad espontánea, contrastante e impredecible. Vago por la oscuridad, en momentos me siento sólido, en otros líquido y luego gaseoso; pero yo no soy nada, no tengo cuerpo ni materia, no me reconozco y me echo a reír. ¡Estoy bajo sus efectos otra vez! Es el CO2 que me atrapa cuando paso, para platicarme que algo de Cabernet Sauvignon está en plena ebullición de levaduras, una fiesta alimentada de azúcar que desprende alcohol; otra ya con la resaca sedimentando; otra más esperando ser prensada para separarse de todo aquello que ya no le sirve, una más en maloláctica y alrededor de 35 toneladas anhelando ser molidas y amalgamadas en una sola emulsión que las nombre a todas en una y a una en todas.

A mi paso tranquilo pero seguro, merodeo entre barricas exprimidas de tanto uso que se convertirán en maceta para dar vida de otra manera y en otro lugar; vigilo un coloso robot que aguarda como fantasma su momento de embotellar y disfruto el silencio de la sala de cata que grita historias de personajes para rememorar. Reviso la magia encerrada año con año y varietal por varietal de un sueño hecho realidad. Sonrío pensando en la calma, el caos, el calor y el frío que en cada momento se ha inscrito en este lugar y me deslizo cual vino nuevo en un tobogán empujado de gravedad terrenal, pequeño pasadizo directo, aunque no secreto; aterrizo a carcajadas como supongo se siente la risa y aparezco en mi lugar favorito de todos, la cava. Espacio resguardado con fuerza, resistencia y majestuosidad; las piedras de granito que lograron permanecer de pie, luego de 2 años de construcción o destrucción, según se vea el caso; toneladas de dinamita y perforaciones; hoy cuentan una  historia de supervivencia similares a las de la posguerra que no hace más que enriquecer con leyendas de triunfo y gloria, absorbidas a través de roble francés y traducidas con ayuda del tiempo en notas percibidas en el paladar. Me detengo y escucho detenidamente el silencio de los ventiladores, siento un cálido ambiente, un silencioso trabajo, reviso mi Chardonnay barrica por barrica, saludo a las lías y las muevo para extraer de ellas aromas a mantequilla y nueces que se llevarán bien con la vainilla y ligeros aromas ahumados. Merlot, Syrah / Grenache, Malbec y Petit Verdot reciben un poco de paciencia y tolerancia a manera de bendición con la esperanza de amansar sus bríos de juventud tánica, para expresar, en su momento, aquello que llevan dentro  en un largo viaje a la madurez. Me siento cansado ha sido una larga jornada, los pájaros anuncian que es momento de partir, salgo de ahí con un sutil sabor a bienestar, me cuelo entre  las grietas que el agua hizo a bien dejarme dispuestas y absorbiendo lo poco que queda de humedad me dispongo a descansar, una noche más ha transcurrido…




KAROLA SAENGER. Desde hace 5 cosechas es Gerente de Relaciones Públicas de Monte Xanic Ensenada. La promoción y  ventas de  vino;  atención a clientes y  la organización de eventos dentro del marco de la vinícola es su trabajo. Describir, sentir, percibir, apreciar y compartir su entorno por medio de la escritura y pintura, es una misión que desempeña con pasión y entrega.


karolasaenger@mac.com



Cómo citar el texto:

SAENGER, Karola: “El espíritu de Monte Xanic” en
Revista redes música: música y musicología desde Baja California; Julio - Diciembre de 2007,Vol. 2, No. 2 / Enero - Junio de 2008, Vol. 3, No. 1. [Documento electrónico disponible en: www.redesmusica.org/no3] consultado el ??/??/ 200?



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